American Millennials are among the world's least skilled
¿Puede haber algo peor en el artículo que descubrir que USA es uno de los últimos? Por cierto, se puede hacer el test al final.
American Millennials are among the world's least skilled
¿Puede haber algo peor en el artículo que descubrir que USA es uno de los últimos? Por cierto, se puede hacer el test al final.
Who Gets to Graduate?El artículo destaca que el efecto ascensor que tiene la educación se está reduciendo en EE.UU.
No es que recomiende leerlo porque es largo, pero rescato la conclusión:
American higher education became more stratified; most well-off students now do very well in college, and most middle- and low-income students struggle to complete a degree. These two trends are clearly intertwined. And it is hard to imagine that the nation can regain its global competitiveness, or improve its level of economic mobility, without reversing them.
To do so will take some sustained work, on a national level, on a number of fronts. But a big part of the solution lies at colleges like the University of Texas at Austin, selective but not superelite, that are able to perform, on a large scale, what used to be a central mission — arguably the central mission — of American universities: to take large numbers of highly motivated working-class teenagers and give them the tools they need to become successful professionals. The U.T. experiment reminds us that that process isn’t easy; it never has been. But it also reminds us that it is possible.
Citas: “You can lose when you outscore somebody in a game. And you can win when you’re outscored.” J. Wooden.
Born in 1910, Coach John Wooden was the first person to be inducted into the Basketball Hall of Fame both as a player and coach, while ESPN ranks him as the greatest coach of all time, across all sports. In his 40 years at UCLA, he mentored legends such as Bill Walton and Kareem Abdul-Jabbar. He has created a model, the Pyramid of Success, and authored several books to impart his insight on achievement to others.
Coach wanted his players to be victors in life and not just on the court, so he treated them as an extended family and emphasized that winning was more than scoring. Indeed, most of his inspiring theories were born from conversations with his father, as a boy on their farm in Indiana. One that sums up his ideology quite well is his often-quoted definition of success: "Success is peace of mind which is a direct result of self-satisfaction in knowing you made the effort to become the best that you are capable of becoming."

A todo el que le interese la educación, le interesará la historia del chino cudeiro. Esto son estudios estadísticos y no los del CIS…
Spoiler: La frase con la que cierra el artículo es magistral. “Las grandes cabezas nacen en muchos sitios, pero que sólo en algunos se les da la oportunidad de aprovechar de verdad su potencial”.
La fuente es El Confidencial (lo sé, lo sé) pero me pregunto hacia qué tipo de sociedad vamos, por qué no pasa en la pública y cuáles son las consecuencias de dar más poder a los directores.
"El éxito es un estado mental resultado directo de la autosatisfacción de saber que te has esforzado lo máximo para convertirte en lo mejor dentro de tus posibilidades".
A los que lo han conseguido este trimestre, felicidades.
http://soypublica.wordpress.com/2012/06/28/espana-es-un-pais-en-vias-de-desarrollo/
Corría el año 1987. Lo recuerdo especialmente porque descubrí lo que significaba esa cifra para mí, entonces eterna, que la maestra ponía cada día en la pizarra. Era una convención que no me habían explicado, y yo no la entendía.
La clase era de Ciencias Sociales. El libro azul decorado con círculos concéntricos decía que España era un “país en vías de desarrollo”. Me intrigaba esa definición. Y citaba a continuación países entonces considerados subdesarrollados: Perú, China, La India (aún con el artículo…) Y otros, que soñábamos ser algún día: Estados Unidos, especialmente. Por aquel entonces yo no quería ser nada. Era vagamente consciente de que de mí dependía el grado de mi éxito profesional posterior. De mi ahínco, de mi trabajo. Por aquel entonces, esta idea era razonable. Así que, herencia directa de mi padre, siempre puse un empeño máximo, casi doloroso, en todo lo que hacía: quise ser astro-físico, quise ser atleta, quise ser violinista… luego quise conocer el mundo entero a través de los libros. Abocada por carambolas varias, acabé en 2006 como profesora de Lengua Castellana y Literatura. Supuso una oposición que me requirió en torno a doce horas de estudio diario (no es una exageración) durante un año. Me preparé sin miedo ni esperanza. Soy licenciada en Filología Hispánica. Con mi título, las opciones eran pocas (sin queja, porque las había), y fue la época en la que en un anuncio un carnicero envolvía un cuarto de kilo de chóped en un título como el mío. Aprobé. Probé y vencí: sentí lo que un golfista amateur debe de experimentar al dar un golpe ciego y meter la bola limpiamente en el hoyo más difícil: sentí el lujo de encargarme (en parte solo, humildemente) de la formación de nuestros jóvenes, y el lujo de que eso me hiciera feliz.
He conocido a toda clase de profesionales. Del 99% (como en todas las profesiones) puedo hablar bien. Su entrega y sus ganas son incuestionables. Y su tendencia al voluntarismo, y a “tirar hacia adelante”, a pesar de todo. Pero ya entonces muchos problemas nos minaban. En 2006 nuestro problema era convencer a los chavales de que no se fueran a la obra sin acabar al menos la ESO. Convencer a la sociedad de que formarse no era inútil. Mi Iván R. vino con su Hyunday Coupé a buscarme, a la puerta del instituto. Amarillo, “Tó guapo, maestra. Pa que veas que sin la ESO puedo ganar más que tú”. Me hablaba con cariño. Condescendientemente, como el que se siente culpable (por todas esos quebraderos de cabeza que me había dado como tutora) y superior (con unos 2000 euros en el bolsillo mensualmente, seguro que más). Más problemas: para hacer real (estadísticamente real) el adagio de “Andalucía avanza”, ciertas instancias nos instaban a engordar las medias, a devaluar las exigencias. Más problemas: la denostación sistemática de nuestra profesión ante la sociedad, el tener que explicar en qué consiste trabajar en la enseñanza, más allá de las cacareadas vacaciones y las supuestas tardes libres. Y los eternos desplazamientos de centro, los eternos alquileres, las eternas maletas, los eternos viajes en coche para visitar a la familia, eternamente lejos. Ahí andábamos.
En 2010 me volví a encontrar con Iván. Dos niñas, un chalé, su Hyunday “todo molón” y en paro. La crisis lo devolvía a las aulas. Me saludó efusivo y cariñoso. Me explicó que estaba cobrando una cuantía por el paro ridícula (cotizó poco, la mayor parte del beneficio le llegó en negro). Su mirada seguía siendo resuelta. Estaba intentando sacarse la ESO en “Adultos”. Tenía fe en que el hambre pasaría por la puerta, pero no entraría. Hoy sé que es uno más de los embargados cuyas casas subastan los bancos.
En mi última clase expliqué los conceptos de Humanismo y de Renacimiento. Tuve también que explicar lo que significa la palabra “curiosidad” a unos niños, los más lindos del mundo (porque los quiero muy sinceramente), que han crecido ahítos de lo que deseaban y de lo que no deseaban. Despreocupados. Siempre había alguien detrás que hacía las cosas por ellos. Pedirles un trabajo consistía en sus cabezas en introducir su título como parámetro en Google. Hacer los ejercicios consistía en copiar el enunciado y esperar a que alguien los resolviera. Sin esfuerzo y sin lucha, hoy no saben casi nada. Ni saben que no saben. Ni quieren saber que no saben. ¿Qué son ellos? Son los elegidos de un mundo que cambia total y absolutamente las bases de su funcionamiento, y que necesita una nutrida cantidad de gente como ellos: personas acríticas, incultas, indefensas: trabajadores sin cualificación. Carne de cañón.
“¿Qué es curiosidad?”, les pregunté. Y a su silencio les respondí: “hambre de saber”. Reconocieron no haberla sentido nunca. Los miré. Sentí un escalofrío. Sentí miedo por ellos, por lo que les espera.
Desde mis cortas entendederas de niña de seis años (en aquel lejano año 87), estar en “vías de desarrollo” significaba estar en el camino de un progreso que nos debía hacer mejores. Y por él hemos caminado. Pero de puntillas, sin aprender, escamoteando tramos para llegar vilmente a la meta. Nuestro desarrollo ha existido, pero en el más sucio de sus sentidos. Hemos sido una marioneta perfectamente manejable para una sociedad de consumo. Hemos creado niños-producto que se han creído niños-consumidores. Y ahora, crisis mediante, los hemos desnudado y les hemos dado su etiqueta más aséptica: niños-inútiles. Este es el resultado de la sistemática devaluación (putrefacción) del sistema educativo, que no se reduce a las decisiones de las últimas semanas. Ha sido un proceso maquinado, puesto en práctica con lentitud pero con tesón. Sin embargo, parece estar cerca el momento de la solución final.
Una compañera de Granada nos envía este documento:
¿Por qué defender la educación pública (de calidad) en tiempos de crisis? Este es el sendero de los caminos que se bifurcan. Escojamos qué deseamos: bien una sociedad formada por ciudadanos con criterio, competitivos, resueltos, capaces de ejercer todo tipo de profesiones, o bien una sociedad de ciudadanos (¿?) acríticos, sin preparación, destinados a la aceptación de un rol menor en una Europa que parece preparar en sus países periféricos inmensos criaderos de esclavos.
Tal y como se ve el horizonte con este último estoque a la educación pública de calidad, España está condenada a ser eternamente un país “en vías de subdesarrollo”.
Leyendo la PROPUESTA DE INSTRUCCIONES DE LA DIRECCIÓN GENERAL DE PARTICIPACIÓN E INNOVACIÓN EDUCATIVA SOBRE EL PROGRAMA DE GRATUIDAD DE LOS LIBROS de texto para el curso escolar 2011-2012, me sorprendió que dijera que,
El artículo 21.5 del Estatuto de Autonomía de Andalucía garantiza la gratuidad de los libros de texto en la enseñanza obligatoria en los centros sostenidos con fondos públicos.
Buscando en el Estatuto de Autonomía de Andalucía, efectivamente, dispone en el apartado correspondiente a educación que,
5. Se garantiza la gratuidad de los libros de texto en la enseñanza obligatoria en los centros sostenidos con fondos públicos. La ley podrá hacer extensivo este derecho a otros niveles educativos.
Lo cual me resulta tremendamente chocante, porque la idea que yo tengo de un Estatuto es como la de una Constitución, una ley marco que recoge lo fundamental y a la que después de le da desarrollo normativo en el Parlamento.
Según la Wikipedia,
También en España, se pueden mencionar a los Estatutos de Autonomía, que son las normas que regulan las competencias de cada Comunidad Autónoma (existe un estatuto para cada comunidad). En este caso, el nombre estatuto implica que se trata de una norma especial, en la cual hay un sistema de aprobación especial conjunta entre el parlamento autonómico y del estado.
En la misma Wikipedia, en la entrada de Estatutos de Autonomía, dice que,
Como norma institucional básica de la Comunidad Autónoma, con reconocimiento constitucional y formar parte del ordenamiento jurídico, debe ser aprobada por Ley Orgánica, su contenido es acordado por la Comunidad Autónoma y los representantes del Estado. No es una norma del poder constituyente, Fija los normas básica de la Comunidad Autónoma , instituciones, competencias. Y Es la norma superior del ordenamiento jurídico en la Comunidad autónoma después de la Constitución.
En definitiva, no alcanzo a entender por qué tiene que aparecer en el Estatuto de Autonomía de Andalucía que los libros de texto tienen que ser gratuitos.